miércoles, enero 14, 2009

TANTAS ESTRELLAS TANTAS TIERRAS.(II)

Segunda parte de un artículo publicado originalmente en cienciteca.com

¿HAY ALGUIEN AHÍ?

Actualmente las esperanzas de encontrar alguna forma de vida aunque sea fosilizada están puestas en nuestro vecino Marte. Y en el futuro inmediato es probable que se intente buscar en el océano que se supone existe bajo la superficie congelada de un satélite de Júpiter, llamado Europa. Pero también se han hecho esfuerzos por enviar mensajes a otras posibles civilizaciones. Los primeros intentos en esta dirección se dieron con las sondas Pioneer X y XI. Que son los primeros objetos fabricados por la humanidad que han salido del Sistema Solar. A bordo de dichas sondas van colocadas unas placas con información sobre el Sistema Solar, por si se diera la casualidad de que fueran interceptadas por alguna civilización extraterrestre.

En dichas placas se pueden observar los dibujos de un hombre y una mujer encima de la silueta de la sonda espacial. A su izquierda se puede observar la posición del Sistema solar respecto de los pulsares más luminosos. Debajo hay una representación esquemática del Sistema Solar en la que se señala el planeta del que proviene la sonda.

En otras dos sondas las Voyager I y II se incluyeron sendos discos de oro. En una de sus caras van indicadas las instrucciones para poder reproducir el disco. En éste, van grabados mensajes en todos los idiomas que se hablaban en ese momento en nuestro planeta. También grabaron diversos sonidos. Desde el producido por la erupción de un volcán hasta el sonido de un beso de una pareja de enamorados. Incluyeron además una colección de 116 imagines de la Tierra. Estos mensajes recuerdan a los que se introducían en las botellas antiguamente y se lanzaban al mar. Tal vez dicen mucho de nuestro afán de superación, pero su probabilidad de éxito es escasa.

¿Es que no existe un método más eficaz de enviar mensajes?¿Y de recibirlos? Por sorprendente que pueda parecer, resulta que dicho método sí existe. El método en cuestión consiste en usar las ondas de radio. Los primeros en proponer que la tecnología de las comunicaciones estaba lo suficientemente desarrollada como para permitir contactos interesterales fueron Giuseppe Cocconi y Philip Morrison. En 1959 publicaron dicho trabajo. En el cual elegían como frecuencias para la comunicación interestelar las situadas entre 1400MHz (mega hertzios) y 1700 MHz. La elección de estas frecuencias es debido a que es donde menos ruido radioeléctrico hay. Por lo tanto la comunicación es más viable. Ese ruido es debido a varios factores, la radiación de fondo, las radio galaxias y como no, a las propias estrellas ya que estas además de emitir luz, también emiten otras ondas electromagnéticas, entre ellas ondas de radio. Quiero recordar que las ondas de radio, el infrarrojo, la luz visible, el ultravioleta, los rayos X, y los rayos gamma son todos la misma cosa, son solo ondas electromagnéticas. Lo único que diferencia unas de otras es lo rápido que oscilan, es decir su frecuencia. Dentro de la luz visible lo que hace que veamos distintos colores es que cambia la frecuencia de las ondas, es decir que las ondas de radio, infrarrojo etc. son colores que no vemos.

En 1975 la humanidad envió su primer mensaje a las estrellas. La emisión se realizo desde el radio telescopio de Arecibo que es el más grande del que disponemos. El mensaje se envió a M13 que es un cúmulo globular que se encuentra situado a unos 26000 años luz en la dirección de la constelación de Hércules. De modo que si existe alguna civilización que pudiera captar el mensaje la respuesta nos podría llegar como muy pronto en unos 52000 años. En el mensaje se envió diversa información codificada en binario. Por ejemplo el numero de nucleótidos del ADN, la estructura química de los componentes del ADN, los números del 1 al 10, el tamaño del ser humano así como una representación del mismo, la población de la Tierra, incluso se envió el diámetro del radiotelescopio de Arecibo.

No obstante los mayores esfuerzos se han dirigido a la escucha, es decir apuntar nuestros radiotelescopios al cielo y ver si captamos alguna señal de origen extraterrestre. Aunque hay diversos proyectos científicos que se dedican a dicha escucha se los suele conocer a todos ellos bajo las siglas de SETI, que son las siglas de <> es decir búsqueda de inteligencia extraterrestre. De entre todos estos proyectos cabe destacar por su original iniciativa el denominado SETI@home dirigido por la Universidad de Berkeley. Lo curioso de este proyecto es que puede colaborar todo el que quiera. El funcionamiento básico es como sigue :

Todas las señales que llegan al radiotelescopio se graban. A continuación todos esos datos se dividen en pequeños paquetes de información no superiores a unos 351Kbytes. Estos paquetes de datos son enviados vía Internet a la los internautas que quieran colaborar en el proyecto. Los internautas lo único que tienen que hacer es descargarse de la web oficial del proyecto un pequeño programa que se instalan en su ordenador. Dicho programa analiza los datos que le lleguen desde Arecibo, una vez acabado dicho análisis envía los resultados obtenidos.

La ventaja de este proyecto es que se puede analizar mucha más información en menos tiempo. Actualmente hay 4.718.719 internautas colaborando en el proyecto SETI@home. La respuesta ha sido tan contundente que se están desarrollando programas basados en esta técnica para luchar contra el cáncer. De momento ni éste ni otros proyectos han captado una señal de origen extraterrestre. Pero nadie dijo que fuera fácil. Muchos opinan que es como buscar una aguja en un pajar y razón no les falta. Pero, ¿quién tiene más probabilidades de encontrar la aguja? ¿El que se queda fuera o el que entra en el pajar a buscar?

Ismael Pérez Fernández.

-VÁZQUEZ ABELEDO, Manuel y MARTÍN GUERRERO DE ESCALANTE, Eduardo. La búsqueda de vida extraterrestre. Madrid: McGraw Hill, 2006.
- GALADÍ-ENRÍQUEZ, David y GUTÍERREZ CABELLO, JordI. Astronomía general. Barcelona: Omega, 2001.
- PÉREZ OCA, Miguel Ángel. Giordano Bruno. El loco de las estrellas. Equipo Sirius.
- SABADELL, Miguel Ángel. El hombre que calumnio a los monos. Y otras curiosidades de la ciencia. Acento.
- RUIZ DE GOPEGUI, Luis. Mensajeros Cósmicos. Ciencia y enigma de los extraterrestres. McGraw Hill.
- http://setiathome.ssl.berkley.edu

martes, enero 13, 2009

TANTAS ESTRELLAS TANTAS TIERRAS.(I)

Primera parte de un artículo publicado originalmente en cienciteca.com

"Resulta difícil catalogar algo como imposible, porque casi siempre los sueños del ayer se convierten en las esperanzas del presente y desembocan por fin en las realidades del mañana."
Dr. Robert H. Goddard, 1947

La pregunta de si estamos solos o no en el universo esta íntimamente ligada con la profunda necesidad que tiene el ser humano de dar un sentido a su propia existencia. Hoy, recientemente comenzado el siglo XXI, seguimos sin una respuesta a esta antigua pregunta. Lo cierto es que el avance que hemos experimentado en nuestro conocimiento astronómico nos hacer ser optimista en que encontraremos una prueba de vida fuera de la Tierra. Pero por el momento dicha prueba sigue sin hacer acto de presencia.

Hacia 1584 el filosofo Giordano Bruno publico varias de sus obras entre ellas “Del infinito Universo y los mundos”, donde exponía sus ideas acerca de las estrellas. Según Giordano las estrellas no eran más que otros soles que estaban tremendamente alejados de nosotros y en torno a los cuales giraban otros planetas como la Tierra. Sus ideas le iban a traer no pocos problemas, éstas junto con otras acusaciones de herejía que había contra él, le llevaron el 17 de Febrero de 1600 a la hoguera. Según parece, cuando el tribunal de la inquisición dicto la sentencia contra Giordano éste miró lentamente a la cara a todos los allí presentes y pronuncio valientemente la siguiente frase:

"El temor que os produce dictar vuestra sentencia es mayor que el mío al escucharla."

Como disfrutaría Giordano si viviera ahora y supiera que la investigación científica ha probado que sus ideas son prácticamente correctas. Cierto es que las estrellas no son más que soles tremendamente lejanos. Además en los últimos años se han encontrado planetas que giran alrededor de algunas estrellas, aunque hay que dejar claro que los planetas que se han encontrado no se parecen a la Tierra. Son gigantes gaseosos como lo es nuestro vecino Júpiter. Esto no implica que no existan planetas similares a la Tierra, a lo que en tamaño y composición se refiere, pero, ¿entonces por que no se han encontrado? La respuesta reside en lo limitado de nuestra tecnología. El método que se usa principalmente en la búsqueda de planetas extrasolares se basa en la interacción gravitatoria que ejercen los planetas con la estrella. Como es sabido, la gravedad hace que dos cuerpos tiendan a acercarse en ausencia de cualquier otra fuerza. De este modo, cualquier estrella que tenga planetas a su alrededor, debería tener un pequeño movimiento de bamboleo que será mayor cuanto mayor sea la masa de los planetas que la orbitan. Pero los planetas del tamaño de la Tierra tienen poca masa lo que hace que sean indetectables por este método. No obstante, esta situación cambiara debido a los telescopios de nueva generación que se están preparando, los cuales permitirán aislar la luz del planeta de la de la estrella y nos permitirán así ver directamente el planeta. Una de las mayores ventajas de este método será que podremos analizar el espectro de su luz y saber así la composición de su atmósfera, lo cual, nos puede poner sobre la pista de si dichos planetas están habitados.
Ahora bien el hecho de que existan planetas ya sean muchos o pocos no debe llevarnos inexorablemente a la conclusión de que algunos deben estar habitados. Por desgracia no conocemos cómo se originó la vida. Esto es esencial para poder saber si dicho fenómeno es una consecuencia inevitable una vez que se dan determinadas circunstancias, o por el contrario es algo que ocurrió por azar y su probabilidad es tan baja que difícilmente vaya a volver a suceder en algún otro lugar.

En lo que al origen de la vida se refiere se han realizado varios experimentos bioquímicos. El más famoso de ellos es el que llevaron a cabo Harold Urey y Stanley Miller a comienzos de los años cincuenta. El experimento consistía en reproducir la atmósfera primigenia de la Tierra, que según ellos estaba formada por metano, hidrógeno, amoniaco y agua. A continuación la sometieron a los efectos de la radiación ultravioleta y a descargas eléctricas. Pasados unos días apareció una sustancia negra y espesa, en la cual había aminoácidos que son los constituyentes básicos de la vida. Pero todavía nadie ha conseguido dar el siguiente paso, es decir, pasar de los constituyentes básicos a los primeros organismos vivos. Por desgracia esto es algo que aún se nos sigue escapando.

Tal vez lo más sorprendente de la vida es su resistencia a condiciones extremas. Por ejemplo, se han encontrado restos de actividad biológica en rocas datadas en aproximadamente 3850 millones de años. Por aquella época la Tierra estaba sometida a un continuo bombardeo de meteoritos, se hace difícil creer que los organismos que existían en aquella época resistieran semejantes condiciones por lo que surgen varias posibles conclusiones. Una es que la vida se origino en más de una ocasión. La otra es que la vida es más resistente de lo que nos podíamos imaginar.

De la primera conclusión no tenemos pruebas, pero de la segunda las tenemos y no son escasas precisamente. Los organismos que viven en ambientes extremos se les a dado el nombre de extremófilos. Uno de los que más llama la atención es el caso de las bacterias termófilas, las cuales viven en surtidores termales a temperaturas superiores a los 100 grados centígrados. El microorganismo más resistente es Pyrolobus fumarii, el cual soporta temperaturas de 113 ºC. Una de las preguntas aún no respondidas por la ciencia es: ¿cómo es posible que las proteínas de los termófilos no pierdan sus propiedades a semejantes temperaturas?

En el extremo opuesto tenemos los organismos que habitan en los valles secos de la Antártida. Normalmente se encuentran en el interior de rocas, estando así protegidos del ambiente inhóspito que les rodea. No obstante durante el invierno se ven sometidos a temperaturas inferiores a 50 grados bajo cero.

Por si esto no fuera suficiente, aún se han encontrado organismos en lugares más extraños. Por ejemplo, en 1977 una expedición oceanográfica descubrió una fumarola volcánica en una cordillera dorsal en el fondo del Pacífico. Alrededor de dicha fumarola había unas criaturas, la mayoría eran desconocidas en ese momento. Lo sorprendente viene cuando uno se preguntan cómo sobreviven dichas criaturas. En la superficie terrestre los vegetales utilizan la luz del Sol para alimentarse y el resto de organismos se nutren de los vegetales ya sea directa o indirectamente. Pero en las profundidades del reino abisal no llega nada de luz. Estas sorprendentes colonias se basan en un tipo de bacteria que es capaz de extraer energía mediante la oxidación del azufre, el resto de organismos de la colonia se sirve de dichas bacterias. Podríamos decir que son los “vegetales” del reino abisal.

Las sorpresas no acaban aquí. Es posible que algunos organismos puedan sobrevivir a las condiciones del vacío espacial. Un caso es el de unas semillas de tomate que fueron embarcadas en un satélite durante un periodo superior a dos años, a su regreso el 99% de las semillas germinaron con éxito. El caso más llamativo es el de la bacteria que se encontraron en el Surveyor 3. Esta nave no tripulada llego a la Luna el 20 de abril de 1967. Casi tres años después el 12 de noviembre de 1969 el Apolo XII alunizo y los astronautas Charles P. Conrad y Alan Bean fueron al Surveyor 3 para desmontar parte del equipo. Una vez ya en la Tierra, el equipo que desmontaron se llevo a los laboratorios US Communicable Disease Center en Atlanta. Allí fue sometido a un análisis biológico y la sorpresa fue rotunda cuando se encontró una bacteria común terrestre, en concreto Streptococcus mitis. Dicha bacteria había sobrevivido durante casi tres años en condiciones de vacío sin nutrientes y sometida a las diversas radiaciones que hay en el espacio exterior. Durante una entrevista realizada al comandante del Apolo XII, este dijo:

"Siempre he pensado que la cosa más importante que hemos encontrado en la Luna ha sido la pequeña bacteria que volvió viva con nosotros y de la cual nadie ha dicho nada."

No obstante, no todo el mundo está convencido de que la bacteria haya realizado semejante viaje. Algunos alegan que la cuarentena a la que se sometió el equipo a su regreso pudo ser rota debido a unas herramientas sin descontaminar.

No sabemos cómo se origino la vida, pero sí parece estar claro que ésta es capaz de adaptarse a las condiciones más inimaginables.

Ismael Pérez Fernández.

- VÁZQUEZ ABELEDO, Manuel y MARTÍN GUERRERO DE ESCALANTE, Eduardo. La búsqueda de vida extraterrestre. Madrid: McGraw Hill, 2006.
- GALADÍ-ENRÍQUEZ, David y GUTÍERREZ CABELLO, JordI. Astronomía general. Barcelona: Omega, 2001.
- PÉREZ OCA, Miguel Ángel. Giordano Bruno. El loco de las estrellas. Equipo Sirius.
- SABADELL, Miguel Ángel. El hombre que calumnio a los monos. Y otras curiosidades de la ciencia. Acento.
- RUIZ DE GOPEGUI, Luis. Mensajeros Cósmicos. Ciencia y enigma de los extraterrestres. McGraw Hill.
- http://setiathome.ssl.berkley.edu



domingo, enero 11, 2009

TRAS LAS HUELLAS DEL UNIVERSO ANTIGUO.

Artículo publicado originalmente en Neomenia, revista de la Agrupación Astronómica de Madrid.

Decía Aldous Huxley que las personas debemos el progreso a los insatisfechos. Y probablemente sea cierto, o al menos, así parece probarlo la historia del descubrimiento de la radiación de fondo de microondas.

Corrían mediados de los años sesenta. Dos astrofísicos, Amo Penzias y Robert Wilson, habían pedido permiso a la Bell Telephone para usar una de sus antenas en su investigación. Los dos astrofísicos pretendían estudiar el ruido electromagnético en la región de las microondas proveniente de la galaxia con el fin de mejorar las comunicaciones espaciales. Debían realizar numerosas observaciones y después proceder a la interpretación de los datos obtenidos. Fue en esta última fase de su investigación donde se iban a tropezar con un hecho que estaba llamado a impactar con fuerza en la investigación cosmológica. Cuando Penzias y Wilson estudiaron sus observaciones se percataron que cuando su antena apuntaba hacia algún punto de la bóveda celeste fuera del plano de la galaxia su equipo registraba un débil ruido electromagnético. Daba igual en que dirección apuntara la antena. La pequeña y molesta señal siempre aparecía.
Después de darle muchas vueltas al asunto Penzias y Wilson decidieron que tenía que ser algún problema del equipo. Así que optaron por desmontar la antena para revisarla. Podemos imaginar lo aliviados que se quedaron al descubrir los restos de un pequeño nido que unas palomas habían decidido colocar en la antena. Era probable que esa fuera la fuente del problema, así pues quitaron el nido y limpiaron meticulosamente la antena. Volvieron a montar la antena y se dispusieron a realizar nuevas observaciones. Pero para su sorpresa e imaginamos que desagrado la débil señal seguía haciendo acto de presencia. Superada su estupefacción inicial decidieron revisar otra vez el equipo. Y encontraron que las palomas habían vuelto a hacer de las suyas. Esta vez no sólo limpiaron la antena sino que alejaron las palomas de la misma para asegurarse de que no volvieran. Una vez más, cuando todo parecía estar en perfectas condiciones tuvieron que observar que pese a todo, la débil señal seguía apareciendo, claro que ésta no iba a ser la única sorpresa ya que también observaron que las palomas habían vuelto a la antena. Penzias y Wilson imaginamos que un poco hartos de las palomas tomaron medidas drásticas. Eliminaron físicamente a las palomas. Con las palomas ya fuera de juego, se dispusieron a realizar sus observaciones y aunque les resultara difícil de creer, la señal, seguía estando ahí. Incapaces de explicar qué era lo que estaba sucediendo, hablaron con compañeros de profesión. Parecía que nadie iba poder explicar a qué era debido ese ruido electromagnético. Hasta que el astrónomo Bernard Burke les puso en contacto con Peebles, fue este astrofísico y su equipo los que explicaron que ese ruido que detectaban Penzias y Wilson era ni más, ni menos, que los restos, la huella dejada por una época temprana del Universo en la que éste era mucho más denso y caliente.

De esta forma tan accidentada, y si no, que se lo pregunten a las palomas, fue como se descubrió la denominada radiación de fondo de microondas. Desde entonces hasta nuestros días los equipos de observación de dicha radiación han ido mejorado, volviéndose cada vez más sensibles. Permitiéndonos así profundizar en su estudio. El último de estos fabulosos instrumentos es el satélite WMAP que son las siglas en ingles de Sonda Wilkinson de la anisotropía del fondo de microondas. El cual presenta una sensibilidad increíble, ya que es capaz de detectar variaciones de veinte millonésimas de grado con respecto a los 2,73 grados Kelvin de promedio o –270,42 en grados centígrados.

Ahora hay que aclarar por qué se utilizan los grados kelvin o centígrados para hablar de la intensidad del fondo cósmico de microondas. Para ello hay que recurrir al concepto de cuerpo negro. Podemos describir de forma aproximada y esquemática un cuerpo negro como un objeto que absorbe toda la radiación electromagnética que incide en él, y al encontrase en equilibrio térmico luego emite toda esa energía. La cantidad de radiación emitida es proporcional a la temperatura a la que se encuentra dicho cuerpo. Así cuando leemos expresiones como “la radiación de fondo de microondas tiene un valor promedio de 2,73K” lo que se está diciendo es que la radiación detecta es igual a la que emitiría un cuerpo negro a dicha temperatura.
Los datos se presentan como se muestra en la imagen 1. Se utiliza un código de colores en el que normalmente el rojo corresponde a la mayor intensidad y el azul a la menor.
La imagen 1 muestra el resultado final de todas las observaciones. Pero para llegar hasta ahí, primero hay que eliminar el ruido que emite nuestra galaxia en las frecuencias de microondas. Recordemos que Penzias y Wilson encontraron la radiación de fondo cuando estaban estudiando la emisión en microondas de nuestra propia galaxia. La obtención final del fondo de radiación de microondas se obtiene combinando las observaciones realizadas a frecuencias de 33GHz, 23GHz, 95GHz, 61GHz y 41GHz.


Es fácil distinguir la contribución de nuestra galaxia, ya que esta aparece como una franja de color rojo que cruza la imagen entera, justo por el centro.

No obstante suelen surgir varias concepciones erróneas relacionadas con la radiación de fondo. La primera de ellas es que el Universo tuvo forma de huevo u ovalo. Es muy probable que esta idea surja de las imágenes que suelen salir en televisión cuando dan alguna noticia relacionada con observaciones astronómicas realizadas por algunos de los satélites que se dedican a ello. Estas imágenes, como las que hemos visto en este artículo suelen tener forma de ovalo. Pero esto no quiere decir que el Universo tuviera dicha forma. La forma de dichas imágenes es debida a una proyección. Los datos son tomados por satélites como el COBE o WMAP, en todas las direcciones. Si representáramos estos datos en tres dimensiones el conjunto de todos ellos tendría forma de esfera. Pero como es evidente, seria muy engorroso tener que trabajar con un objeto de tres dimensiones. Así pues surge la necesidad de presentar los datos obtenidos de tal forma que sea fácil trabajar con ellos. Para esto los representamos sobre hojas de papel o sobre la pantalla de un ordenador. En consecuencia tenemos que adaptar esos datos para representarlos en dos dimensiones. Al hacer esto, es decir, al representar algo que tiene tres dimensiones en un objeto de tan sólo dos, como por ejemplo un folio, la forma de la proyección no puede ser completamente fiel al original.



Esto es algo muy común, y que estamos acostumbrados a ver constantemente. El siguiente ejemplo aclarara esto. Piensen en un cubo regular. Lo característico de esta figura geométrica es que todas sus aristas forman noventa grados entre si, pero cuando dibujamos (proyectamos) la figura sobre una superficie plana (fig.1) como por ejemplo un folio o la pantalla de un ordenador, observamos que esto deja de cumplirse. La proyección no puede representar fielmente el original, esto es consecuencia de pasar un objeto de tres dimensiones a una representación del mismo en tan sólo dos. El Universo no tiene, ni tuvo esa forma de huevo, entonces, ¿qué forma tiene? ¿Podemos conocer dicha forma? Estas preguntas no tienen fácil respuestas, si la nueva teoría M es correcta, la cual une las diversas teorías de cuerdas en un sólo marco, el Universo podría tener 11 dimensiones espacio-temporales. Así que si intentamos imaginar la forma del Universo lo más productivo que probablemente consigamos sea un buen dolor de cabeza.
Otra duda bastante común sobre la radiación de fondo de microondas es esta: Si la radiación de fondo son fotones y por lo tanto se mueven a la velocidad de la luz ¿cómo es posible que se les detecte hoy en día?¿No deberían haber pasado ya sobre nuestra posición? Para responder a estas preguntas debemos retroceder en el tiempo, exactamente hasta el momento en el que la fase de nucleosíntesis primordial llegó a su fin. Con este nombre tan esotérico nos referimos al proceso por el cual se formaron los primeros núcleos atómicos del Universo. Esto fue posible ya que la temperatura había descendido lo suficiente como para que el campo de radiación no impidiera la formación de dichos núcleos. Podemos imaginar el campo de radiación como una gran cantidad de fotones que inundaba todo el espacio. Tras este proceso el Universo estaba constituido por electrones, fotones, neutrinos y núcleos atómicos. Pero la temperatura seguía siendo lo suficientemente alta como para que los fotones que formaban el campo de radiación impidieran que esos núcleos capturaran a su alrededor electrones y formaran así los primeros átomos. No fue hasta unos 380000 años después del Big Bang cuando la temperatura descendió por debajo de los 4000K, en ese momento el Universo se había expandido lo suficiente como para que los fotones pudieran viajar sin encontrarse en su camino con otras partículas como los electrones y con los núcleos atómicos formados anteriormente. Es decir, el campo de radiación dejó de interaccionar con la materia y como consecuencia se formaron los primeros átomos del Universo y los fotones pudieron viajar libremente por él. Estos fotones que se encontraban presentes en todo el Universo pudieron propagarse en todas direcciones, es por eso por lo que miremos donde miremos nos encontramos con los fotones que forman la radiación de fondo. Es a esto a lo que se refieren los cosmólogos cuando dicen que el Universo se volvió transparente.

El estudio de la radiación de fondo nos permite conocer mejor, cómo es y ha sido nuestro Universo. Los datos aportados por el WMAP han permitido conocer, por ejemplo, la edad del Universo, la cual se ha cifrado en 13700 millones de años con un error del 1%, es la primera vez que se consigue semejante precisión. También se ha podido saber que las primeras estrellas empezaron a brillar cuando tan sólo habían pasado 200 millones de años desde el Big Bang. Estas cifras tan descomunales suelen escaparse a nuestra compresión, así que para entender si las primeras estrellas empezaron a brillar pronto o tarde realizaremos una conversión que nos permitirá entender mejor las escalas de tiempo. Imaginemos que el Universo en lugar de los 13700 millones de años de edad, tuviera sólo un año y que el momento actual, es decir hoy, es 31 de diciembre, entonces las primeras estrellas hubieran empezado a brillar el cinco de Enero, esto es prontísimo, mucho antes de lo que se esperaba.

El estudio de la radiación de fondo también nos permite conocer la composición del Universo. La energía oscura no se sabe qué es, aunque parece ser la causante de que la expansión del Universo se esté acelerando. Con la materia oscura fría sucede lo mismo, no sabemos qué es, lo único qué sabemos de ella, es; que no es como la materia con la que estamos acostumbrados a tratar. Si sumamos los porcentajes, podemos observar que desconocemos de que está hecho el 95% del Universo. Fascinante, ¿existirán mundos hechos con esa materia oscura? ¿De donde sale esa enigmática energía oscura? Quien lo hubiera imaginado, en pleno siglo XXI y todavía tenemos un Universo por descubrir.


Image Credits: NASA/WMAP Science team.
Animation Credit: NASA/WMAP Science team
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Ismael Pérez Fernández.


-Web oficial del proyecto WMAP: http://map.gsfc.nasa.gov/

-RUIZ DE COPEGUI, Luis. Rumbo al Cosmos. Madrid: Temas de hoy, 1999

-BENNET, Charles L., HINSHAW, Gary F. y PAGE, Lyman. Un cartógrafo cósmico. Temas
Investigación y Ciencia: Presente y futuro del cosmos, 2003, n.33 , p. 74-75

-HAWKING, Stephen. El Universo en una cáscara de nuez. Barcelona: Crítica, 2002

-GALADÍ-ENRÍQUEZ, David y GUTIÉRREZ CABELLO, Jordi. Astronomía General. Teórica y práctica. Barcelona: Omega, 2001.

sábado, enero 10, 2009

¡GALILEO TENIA RAZÓN!

En el Universo hasta donde sabemos existen cuatro fuerzas fundamentales, la nuclear fuerte, la nuclear débil, la electromagnética y la gravedad. De estas cuatro con la que probablemente estamos más familiarizados es con la gravedad, a fin de cuentas, seguramente todos hemos sufrido alguna caída que en última instancia está provocada por el inexorable tirón de la gravedad.
Pero aunque estamos muy acostumbrados a ella, razonar sobre la misma no suele ser tan fácil. ¿La rapidez con la que caen los objetos depende de su masa? Arsitóteles respondía a esta pregunta con un "sí", pero Galileo decía que "no". ¿Quién tiene razón? Es sencillo de averiguar, todos podemos hacer el siguiente experimento casero:





Lo ideal sería hacer el experimento en un lugar donde no hubiera atmósfera. Tal vez en una cámara de vacío, o mejor aún, en la superficie de otro cuerpo del Sistema Solar que carezca de atmósfera, como por ejemplo, la Luna. Esto es precisamente lo que hizo el astronauta David R. Scott en la misión Apolo XV, lo hizo dejando caer un martillo y una pluma. Ya lo dice el propio Scott, Galileo tenía razón:



Ismael Pérez Fernández.

viernes, enero 09, 2009

SEÑALES DE MÁS ALLÁ...

...de más allá de la Vía Láctea, esto es lo qué parece haber encontrado el instrumento Arcade utilizado en el proyecto conducido por Alna Kought del NASA's Goddard Space Flight Center. Tanto en NewScientis como Astronomy se hacen eco de la noticia publicada por la NASA.
La señal es un enigmático ruido electromagnético del que se desconoce su procedencia. Al parecer, el ruido no proviene ni del gas del halo que rodea la Vía Láctea, ni de ninguna radiofuente conocida, su procedencia está sumida en el más oscuro de los misterios.
La finalidad de Arcade es intentar detectar señales de las primeras estrellas que poblaron el Universo, por lo que este hallazgo ha sido toda una sorpresa. En palabras del propio Alna Kought:


"En lugar de la débil señal que esperábamos encontrar, tenemos este ruido con una potencia seis veces mayor de lo esperado."




Según Dale Fixsen de la Universidad de Maryland el problema con este ruido es que no parece haber suficientes radio-galaxias para dar cuenta del mismo.

¿Qué es este extraño ruido? ¿De donde proviene? Sólo hay una forma de responder a estas preguntas, y es haciendo más observaciones, planteando hipótesis y poniéndolas a prueba, en definitiva, seguir haciendo ciencia. Es el único método capaz de decirnos que hay ahí afuera, en el enorme y vasto Universo que nos rodea.




Credits
images: NASA/ARCADE, NASA/ARCADE/Roen Kelly

Ismael Pérez Fernández.