Post publicado originalmente en naukas.
Con el paso del tiempo, la humanidad, gracias a unas cuantas mentes curiosas y escépticas, consiguió desarrollar la ciencia, y, con ella, disponer de una herramienta que, a pesar de no ser perfecta, sí que ha conseguido arrojar luz sobre las preguntas más acuciantes que nos hemos hecho desde los albores de los tiempos. El problema radica en que las respuestas que hemos obtenido han sido difíciles de aceptar por nuestros hinchados egos: no somos creaciones divinas ni ocupamos un lugar privilegiado en el universo. A día de hoy, todavía es fácil ver gente que niega la evolución y otros campos de la ciencia, porque lo que nos dice sobre nosotros son autenticas curas de humildad. Es difícil aceptar que no somos relevantes para el universo y que no somos los hijos de ningún dios.














