
Las famosas leyes de Kepler no habrían visto la luz de no ser por las precisas observaciones de Marte que realizó Tycho, por otro lado las observaciones por si mismas no habrían conducido a nada. Dos personas recelosas la una de la otra, que estaban condenadas a cooperar de una forma u otra si querían que la astronomía avanzara. Al final, Kepler consigue las observaciones de Marte y gracias a ellas consigue elaborar sus tres leyes:
Primera Ley: Todos los planetas se desplazan alrededor del Sol en órbitas elípticas, estando el Sol situado en uno de los focos.
Segunda Ley: El radio vector que une el planeta y el Sol barre áreas iguales en tiempos iguales.
Tercera Ley: El cuadrado del tiempo que tarda un planeta en dar una vuelta alrededor del Sol es directamente proporcional al cubo de la distancia media con el Sol.
Estas tres leyes lo cambiaron todo. Entre Tycho y Kepler edificaron un robusto pilar en el que apoyar el heliocentrismo. Después llegaría Galielo y sus observaciones realizadas con telescopio junto con sus método experimental, fundando así las bases de lo que hoy conocemos como ciencia. Antes no existían los científicos sino que se les conocía por filósofos naturales.
A cada capítulo de la novela le precede una frase de algún personaje ilustre, de todas ellas me quedo con una de Galileo ya que resume muy bien la esencia de la ciencia:
"No debemos desear que la naturaleza se acomode a lo que nos parecería mejor dispuesto y ordenado a nosotros, sino que conviene que seamos nosotros los que acomodemos nuestro intelecto a lo que ella ha hecho."
De una carta de Galielo a Francesco Cesi.
Ismael Pérez Fernández.
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