Así pues, cuando hablo de fe o creencia me estoy refiriendo a esa segunda acepción a la que hace referencia
Haro, es decir, el asumir como cierto algo de lo que no hay pruebas o incluso en contra de las pruebas.
Si las acciones basadas en la fe tienen influencias negativas, como por ejemplo derribar edificios con aviones, o reventar trenes a bombazos, u oponerse al avance del conocimiento científico, entonces ¿qué hacer? ¿Debemos hacer caso a los lideres religiosos, políticos, etc.? Los cuales nos aseguran que esa es una fe mala, degradada, falsa, que traiciona a la verdadera fe, la buena. Pero ¿cómo pueden saberlo? Repitamos: “la fe es asumir como

cierto algo de lo que no hay ni la más mínima prueba, o incluso en contra de las pruebas”. Se podrá discernir si las consecuencias de dicha fe son buenas o no, pero ¿cómo saber si la fe en si misma es buena o no?
No hay nada que objetivamente nos permita decir qué fe es cierta, no importa que las acciones de las personas que la profesan sean perjudiciales o no, eso no nos dice nada acerca de si sus creencias son ciertas. La única forma de plantar clara es precisamente poniendo al descubierto la falsedad de su fe. El concepto de Dios carece de cualquier referente existencial intersubjetivamente observable, y esto es un problema grave, y debido a ello se podrá afirmar, y de hecho se afirma, lo que se quiera de él. Desde que es benevolente y nos ama, hasta que a las personas de otras fes y a los no creyentes hay que pasarlos a cuchillo, o incluso ambas cosas al mismo tiempo. El extremismo esta servido.