jueves, agosto 09, 2012

¿De quien es esta partícula?

Como sabéis, al bosón de Higgs se le ha llamado por activa y por pasiva "la partícula de Dios", la pregunta obiva es ¿la partícula de que dios?:
Viñeta de Alberto Montt en su blog Dosis diarias y que descubrí vía Sindioses

miércoles, agosto 08, 2012

Un enjambre estelar

Impresionante. Esa creo que es la mejor palabra para definir la fotografía del cúmulo de estrellas denominado Messier 68, que ha tomado el telescopio espacial Hubble.

Todavía recuerdo la primera vez que escuche a Carl Sagan hablar de los cúmulos de estrellas que rodean la Vía Láctea, dijo que cada cúmulo de estrellas era como un enjambre, donde cada abeja sería un Sol.

En total hay unos 150 de estos cúmulos rodeando la Vía Láctea. Los cúmulos se catalogan en dos grupos, cúmulos globulares y cúmulos abiertos. Las estrellas que forman un cúmulo son todas hermanas, esto quiere decir que se han formado a partir de la misma nube gas y polvo.

El cúmulo Messier 68 es un cúmulo globular que se encuentra a 33.000 años luz de distancia de nosotros. Os dejo que disfrutéis de la fotografía que le ha sacado el Hubble:

Image Credit: ESA/Hubble & NASA

martes, agosto 07, 2012

Historia de dos ciudades

En esta novela de Dickens la trama transcurre entre dos ciudades, por un lado Londres y por otro París. La época no es otra que los inicios de la revolución francesa.

La obra está dividida en tres partes, y no es hasta mediado de la segunda que los acontecimientos empiezan a sucederse de forma interesante. Hasta que no alcancé esa parte de la lectura, tengo que reconocer, que la novela no conseguía atraparme. Si al leer esta novela te pasa lo mismo, lo único que puedo decir es que aguantes, que al final merece la pena.

Dickens nos presenta a estas dos ciudades como dos contrapuntos, Londres la tranquilidad y la seguridad y París donde el caos y la inseguridad se instalan tras el inicio de la revolución. Vamos a asistir a cómo se inicia la revolución francesa y en lo qué se convirtió.

Una lectura interesante. Si bien es cierto que la primera mitad de la obra no consigue enganchar, la segunda te atrapa sin más y la lees del tirón, ya que resulta imposible no querer saber como se van a ir desarrollando los acontecimientos.


El descenso de Curiosity

Aquí tenéis al Curiosity en plena faena de descenso. La fotografía, como se puede observar, corresponde al momento en el que se desplegó el paracaídas. La imagen fue tomada por el instrumento HiRISE que está instalado en la Mars Reconnaissance orbiter(MRO). Espectacular ¿no os parece?

Image credit: NASA/JPL-Caltech/Univ. of Arizona


lunes, agosto 06, 2012

Emocionados con Curiosity

Hoy, 6 de agosto de 2012, el ingenio, la racionalidad y la curiosidad han conseguido un nuevo hito histórico, hoy hemos puesto sobre la superficie de Marte, una vez más, un robot(Curiosity) para poder estudiar in situ el planeta rojo.

Puede parecer poca cosa, pero en realidad no lo es. Quizá nos hemos acostumbrado a ver pasearse, por la superficie de nuestro vecino, a ingenios desarrollados por congéneres nuestros. Un simple vistazo al sistema de aterrizaje que ha usado Curiosity pone de relieve que no ha sido, ni de lejos, como las otras veces.

Pero más allá de la tecnología, más allá de la ciencia, más allá del conocimiento que nos vaya a brindar Curiosity la hazaña tiene otros aspectos que también son importantes. No sé cuantas veces habré escuchado eso de que la ciencia es fría, desapasionada, estos adjetivos se esgrimen con la intención de quitarle valor a la empresa científica, como si la ciencia estuviera reñida con el amor o la capacidad de asombro. Nada más lejos de la realidad. Que la ciencia sea una actividad racional, que no acepte las ideas nuevas por el mero hecho de serlo, o porque simplemente nos gustan, no implica que la ciencia sea una actividad que no se pueda hacer con pasión. Con pasión se pueden buscar pruebas, también se puede debatir con pasión, te puedes emocionar ante el resultado de unas frías ecuaciones porque demuestran aquello que sospechabas desde hace tiempo, puedes llorar de emoción al ver que un experimento demuestra que tus ideas expuestas hace décadas, son correctas, como le ha pasado al bueno de Peter Higgs hace unas semanas.

La ciencia demanda que a la hora de buscar el conocimiento no interfieran nuestras pasiones, esto es así porque que queremos saber cómo son las cosas y por ello debemos ser cautos, serán los experimentos y las demostraciones las que guíen por donde se debe ir, no nuestras pasiones. Pero aquí no acaba todo, pues la ciencia es generosa y nos paga el esfuerzo despertando en nosotros: la pasión, el deseo de asombro, el gozo ante lo increíble y todo ello lo hace con sus resultados y sus logros. Las leyes de Newton son unas frías ecuaciones, pero a todos se nos ponen los pelos de punta cuando vemos a los astronautas pasearse por la superficie lunar, esto no habría sido posible sin dichas ecuaciones. Podemos pensar también en lo felices que nos ponemos cuando la ciencia médica consigue salvar vidas.

La ciencia es fría y aburrida, un mantra que se repite en demasía, pero los hechos parecen mostrar que no es así. La llegada de Curiosity a Marte nos muestra como la ciencia puede emocionarnos. Mientras se retransmitía la llegada de Curiosity a Marte, una multitud se ha congregado en Times Square para seguir el evento:
Según parece, esta multitud en un momento determinado ha empezado a corear: Science!, Science!, Science! No era un evento deportivo, no era un cantante, no era algún otro famoso, se coreaba a la ciencia. Desde aquí, en la distancia y a destiempo, con los ojos humedecidos, me uno a esa multitud y coreo con ellos Science!, Science!, Science! ¿Por qué? Porque la ciencia convierte nuestros sueños en realidad, y ahora más que nunca, necesitamos soñar.