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jueves, octubre 30, 2014

El mal, "el mejor mundo posible" y la inexistencia de Dios

El argumento del mal es posiblemente uno de los argumentos más poderosos contra la existencia de Dios, entendiendo por Dios un ser que es omnisciente, omnipotente y, perdónenme el palabro, omnibenevolente.

El problema surge al intentar conciliar la existencia de mal en el mundo con la existencia de un Dios que tiene esas características. Obviamente, si se está dispuesto a aceptar que Dios no tiene alguna de esas tres características, entonces, el problema es perfectamente resoluble, no obstante, no parece que muchos teólogos estén dispuesto a hacerlo, y resulta difícil pensar que Dios no tenga esos atributos.

Podemos plantear el argumento del mal, en forma de premisas y conclusión de la siguiente forma:

Premisa 1: Suceden cosas terribles
Premisa 2: Si hubiera un Dios, omnisciente, omnipotente y omnibenevolente, entonces no sucederían cosas terribles.
_______________________________________________________________________
Conclusión: No hay un Dios omnisciente, omnipotente y omnibenevolente.

Uno de los intentos de respuesta a este argumento que pretende resolver el problema sin tener que renunciar a un Dios con esos atributos es el argumento de “No existe el mejor mundo posible”, veamos en que consiste esa respuesta.

Es posible que Dios, a pesar de tener esos atributos, se encuentre en una situación, ciertamente complicada y similar a la siguiente:

Imagina que te hago la siguiente oferta: “elige un número. El número que elijas es el número de días que vas a pasar en el cielo, un cielo a tu gusto, donde vas a ser feliz, a disfrutar como nunca lo has hecho, etc.” No sé que número elejirías ¿1.000? ¿1.000.000? ¿10100? Si nos fijamos, se elija el número que se elija siempre podremos criticar esa decisión porque siempre se puede elegir un número mayor, ¿por qué no elegiste 10100+1? Probablemente coincidimos en que esa crítica no es muy justa.

Quizás la situación de Dios a la hora de crear el mundo es la misma. No importa el mundo que elija crear. Escoja el que escoja siempre podríamos recriminarle porqué no hizo un mundo un poco mejor. Si no existe el mejor mundo posible, entonces, creara el mundo que creara, siempre existiría un mundo mejor, por lo tanto no podemos refutar la existencia de Dios mediante el problema del mal, dado que cualquier posible mundo tendrá algo de mal en él, ya que no existe el mejor mundo posible.

Críticas a la respuesta “No existe el mejor mundo posible”,


Tal y como se ha enunciado el argumento, es un argumento por analogía, aunque no siempre se enuncie así, no está de más ver si podemos encontrar desemejanzas lo suficientemente fuertes como para, al menos, invalidar el argumento así expuesto.

La analogía reside entre los números, en concreto en el hecho de que siempre puede haber un número mayor a otro, y que siempre habrá un mundo mejor, por mucho que se intente nunca se alcanzará ni el mayor número posible ni el mejor mundo posible. El problema reside en que para los números conocemos la sencilla regla matemática que nos permite hacer un número mayor, a todo número siempre se le puede sumar otro, obteniendo como resultado un número mayor. Pero en el caso del mundo no sabemos si existe una regla que nos permita afirmar que siempre va a ser posible un mundo mejor, dado que esto es precisamente lo que se afirma en el argumento, la desemejanza es ciertamente importante, dado que no tenemos el análogo al principio matemático que nos permite saber que no existe el mayor número posible. Por lo que la analogía falla, pues en el caso de las matemáticas tenemos una justificación para aceptar que siempre habrá un número mayor pero esa justificación no existe, o al menos, no la tenemos para garantizar que siempre es posible la existencia de un mundo mejor.

Crítica aceptando que no hay un mejor mundo posible.


Vamos a asumir, por el bien del argumento, que de hecho es verdad que no existe ese mejor mundo posible. Aunque existieran infinitos posibles mundos y no existiera el mejor mundo de entre todos ellos de ahí no se sigue que cualquiera de esos mundos sea igualmente aceptable por un ser omnibenevolente y omnipotente. En realidad deberá existir un mundo que contenga la mínima cantidad de mal aceptable por un ser omnibenevolente y omnipotente. Si existe un Dios con esas características, entonces, aunque no exista el mejor mundo posible, ese Dios debería haber creado un mundo donde la cantidad de mal en él es la mínima aceptable.

Así que la cuestión es, ¿es nuestro mundo un mundo con la mínima cantidad de mal posible?

La primera premisa del argumento del mal dice que:” Suceden cosas terribles”. ¿Pero qué causas provocan esas cosas terribles? Podemos aglutinar esas posibles causas en dos categorías, las causas humanas, es decir, aquellas acciones y decisiones llevadas acabo por los seres humanos que provocan dolor, sufrimiento, y en resumen, que sucedan cosas terribles. Y por otro lado causas no humanas, como por ejemplo, toda clase de desastres naturales.

Se argumenta que el mal generado por nosotros, los seres humanos, es debido a que tenemos libre albedrío. No vamos a discutir si lo tenemos o no. Podemos suponer que lo tenemos, es más podemos suponer que un mundo en el que tenemos libre albedrío es siempre mejor que un mundo en el que no lo tenemos. Entonces en este caso, el mundo con el mínimo mal posible sería aquel en el que existe un mal causado por el libre albedrío de los seres humanos y al mismo tiempo no existe mal causado por causas no humanas.

Por otro lado, podemos negar que tengamos libre albedrío, o incluso podemos afirmar que un mundo sin libre albedrío siempre sería mejor que uno donde los humanos tuviéramos esa libertad. En este caso el mundo con la mínima cantidad de mal asumible sería un mundo en el que no tenemos libre albedrío y además no existe mal causado por causas naturales.

Parece quedar claro que nuestro mundo no es ninguno de los anteriores. Esto es así porque en nuestro mundo existen causas no humanas que son la fuente de cosas terribles, o por decirlo de otra forma, que introducen mal en el mundo. Por lo tanto la respuesta propuesta por la tesis de “No existe el mejor mundo posible” no rebate el argumento del mal. Si existe un Dios omnipotente y omnibenevolente y al mismo tiempo no existe el mejor mundo posible, entonces, ese Dios habría creado el mundo con la menor cantidad de mal admisible, pero como hemos visto ese no es el caso de nuestro mundo, por lo tanto no parece que exista un Dios omnipotente y omnibenevolente.

“No existe el mejor mundo posible” y la omnipotencia


Podemos encontrar un problema más con la tesis de la inexistencia del mejor mundo posible. Si no existe el mejor mundo posible, esto significa que dicho mundo no puede ser creado. Dicho de otro modo, debe haber una regla como la que sigue: “Es imposible crear el mejor mundo”, si Dios no puede desobedecer esa regla, entonces, hay una cosa que él no puede hacer, a saber, Dios no puede desobedecer esa regla, por lo tanto no puede ser omnipotente. Por otro lado, si sí puede desobedecer dicha regla o si sencillamente puede cambiarla permitiendo así el poder crear el mejor mundo posible, entonces surge la pregunta ¿Por qué no cambia o desobedece dicha regla? Si no puede desobedecer la regla o cambiarla, una vez más hay cosas que no puede hacer y por lo tanto no puede ser omnipotente. Por último, si no quiere cambiar o desobedecer la regla, entonces se niega voluntariamente a hacer el mejor mundo posible por lo tanto no puede ser omnibenevolente.

Por lo tanto, la respuesta de “No existe el mejor mundo posible” no consigue superar el argumento del mal. Por lo que la existencia de un Dios omnipotente, omnibenevolente y omnisciente sigue siendo más que dudable.

miércoles, marzo 05, 2014

¿Por qué hay algo en lugar de nada?

El libro afronta esta famosa cuestión filosófica, ¿cómo es que hay algo en lugar de nada? Y lo hace de forma rigurosa, adentrándose en conceptos filosóficos y analizándolos en profundidad. El texto, aunque ilustrativo no es de lectura fácil, tienes que tener paciencia y un gran interés en el tema para que el libro te sea de provecho.

Bede Rundle analiza los conceptos de causa, de necesidad, de agencia, de tiempo, el de explicación, etc. Para ver como deben ser aplicados a la hora de intentar abordar la cuestión que da título a su libro. Tradicionalmente la respuesta a esta pregunta ha sido la de postular la existencia de un ser necesario y trascendente, que se ha tendido a identificar con Dios. Para Rundle ese intento de “respuesta” en realidad no supera el análisis filosófico, es más, dar esa respuesta no aclara nada el asunto, sino que lo único que hace es complicarlo más, además, esa respuesta, como bien muestra Rundle carece de sentido, pues retuerce los conceptos de tal manera que, aunque gramaticalmente es correcta, en realidad, no tiene sentido hablar de que un ser trascendente es la causa del universo.

En resumen, el libro es interesante pero como comenté más arriba no es una lectura fácil ni ligera, debes tener un gran interés en el tema para que el texto te resulte interesante.

lunes, febrero 17, 2014

La dificultades de un Dios creador

William L. Craig es uno de los defensores de que el universo ha sido diseñado. En mi libro, “El diseño inteligente ¡vaya timo!” dedico algo de espacio al argumento kalam que él mismo ha defendido en sus obras.

Recientemente,  en un número de la revista Philosophy Now dedicado a Dios, ha aparecido un artículo de Craig donde da ocho razones para creer en Dios. En una de ellas, el señor Craig dice basarse en los trabajos de los cosmólogos y matemático Vilenkin, Guth y Borde. Según él,  en el teorema que presentan en su trabajo Inflationary spacetimes are not past-complete(1) se defiende que el universo tuvo que tener un principio. Lo primero que cabe decir es que el señor Craig no parece haber entendido dicho artículo. El propio Vilenkin, en una correspondencia mantenida con el físico Victor Stenger(2), niega que eso sea lo que su teorema dice. Según Vilenkin lo que dice su trabajo es que el universo tuvo que empezar a expandirse en algún momento determinado del pasado. Como se puede apreciar, eso es algo muy distinto a que el universo haya tenido un principio. Es más, ante la pregunta directa de si su teorema demuestra que el universo debió haber tenido un principio, Vilenkin responde categóricamente(2):

miércoles, enero 15, 2014

El diseño inteligente ¡vaya timo!

Post publicado originalmente en naukas.

En la oscuridad de la noche, cuando las estrellas tachonan el cielo, la mente humana se enfrenta al infinito, a lo insondable, al misterio de los misterios, el universo. Desde el amanecer de los tiempos hemos alzado la mirada y nos hemos hecho preguntas: ¿de dónde ha venido el universo? ¿cómo apareció? ¿acaso el universo es eterno? A falta de un método con el que adquirir el conocimiento de cómo es la naturaleza, los mitos y las religiones llenaron ese espacio, ofreciendo respuestas que en realidad no explicaban los orígenes del universo. Esto es debido a que prohibían o dejaban sin contestar cuestiones como de donde habían salido esos creadores de universos a los que llamamos dioses. Esas respuestas, en realidad, lo que sí conseguían era calmar el desasosiego psicológico que nos produce enfrentarnos a preguntas profundas y para las que es difícil hallar repuestas.

Con el paso del tiempo, la humanidad, gracias a unas cuantas mentes curiosas y escépticas, consiguió desarrollar la ciencia, y, con ella, disponer de una herramienta que, a pesar de no ser perfecta, sí que ha conseguido arrojar luz sobre las preguntas más acuciantes que nos hemos hecho desde los albores de los tiempos. El problema radica en que las respuestas que hemos obtenido han sido difíciles de aceptar por nuestros hinchados egos: no somos creaciones divinas ni ocupamos un lugar privilegiado en el universo. A día de hoy, todavía es fácil ver gente que niega la evolución y otros campos de la ciencia, porque lo que nos dice sobre nosotros son autenticas curas de humildad. Es difícil aceptar que no somos relevantes para el universo y que no somos los hijos de ningún dios.

miércoles, septiembre 18, 2013

¿Crearon los dioses al ser humano o fue este el que creo a los dioses?

A continuación tenéis la intervención del Dr. Michael Shermer en el debate realizado en Oxford Union. El tema de debate es la existencia de Dios. Shermer argumenta elocuentemente que los dioses y las religiones son construcciones humanas y no al revés:

Los humanos crearon a Dios y a la religión (Michael Shermer) from Javier Smaldone on Vimeo.

miércoles, junio 09, 2010

Jesús Mosterín, sobre Dios, los curas, los toros...

Hay que reconocer que en Internet uno se puede encontrar mucha basura, pero al mismo tiempo puede ser una herramienta increíblemente buena y podemos acceder a información que de otro modo sería al menos difícil. Buceando por el Tubo, me he encontrado con este programa de televisión de Lima, en el que entrevistan a Jesús Mosterín, uno de los filósofos españoles más interesantes de la actualidad. Si las televisiones de España no realizan este tipo de entrevistas es porque obviamente están muy ocupados atendiendo a intelectuales del calibre de Belén Esteban, y claro, no queda sitio para gente como Mosterín.

La entrevista toca muchos temas en poco tiempo, pero aun así Mosterín pone el dedo en la yaga en más de una ocasión, no me entretengo más, que la disfrutéis que seguro que no os deja indiferentes.



Ismael Pérez Fernández.

martes, octubre 20, 2009

La vida sólo es de Dios. ¿Cómo es eso posible?

En distintos periódicos como El Mundo o Público se recogen las declaraciones del arzobispo de la ciudad Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), el cardenal Antonio María Rouco Varela. En concreto ha afirmado que “La vida sólo es de Dios” según el diario Público, y en El Mundo hacen una cita más amplia:

“todos, desde el punto de partida de la buena reflexión teológica, del buen pensamiento filosófico y cultural, afirmemos que la vida sólo es de Dios, de cada uno de nosotros y de todos nosotros”

El señor Rouco se ha saltado unos cuantos pasos:

1º- ¿A qué Dios se refiere?
2º- Demostrar la existencia de un ente que coincide con su concepción previa de la idea del Dios al que se esté refiriendo.
3º- Demostrar que la vida sólo es suya.

Aunque se superaran los dos primeros pasos, en el tercero hay un serio inconveniente. Y es que esa afirmación esconde una concepción un tanto extraña y errónea de esa cosa llamada “vida”. Claro que ya nada sorprende, total, si ya se es incapaz de distinguir el ser en potencia del ser en acto, como muy bien expuso Jesús Mosterín, con esa soberbia explicación de que una bellota no es un roble, por muy divinos que nos pongamos.

Veamos, puedo entender que alguien tenga un coche, un paraguas, una casa (bueno esto con los tiempos que corren está difícil), etc. Pero ¿qué es eso de que la vida es de Dios o de nosotros? ¿qué es eso de la “vida”? Así expresado parece que existe una especie de ente que está dentro de los organismos, al cual le debemos el que estemos vivos. Podemos llamar a este ente como queramos, anima, alma, soplo vital etc. Pero esto no tiene nada que ver con lo que nos enseña la biología y, por lo tanto no tiene nada que ver con la realidad de los organismos vivos. Veamos lo que decía Ernst Mayr antiguo profesor Emerito de la cátedra Alexander Agassiz de Zoología de la Universidad de Harvad:

“El problema es que "la vida" sugiere la existencia de "algo" - una sustancia o una fuerza -, y durante siglos los filósofos y biólogos han intentado encontrar en vano esa sustancia o fuerza vital. En realidad el sustantivo "vida" es una cosificación del proceso de vivir. No existe como entidad independiente. El proceso de vivir se puede estudiar científicamente, cosa que no es posible con la abstracción "vida". Se puede describir e incluso intentar definir lo que es un organismo vivo; y se puede intentar establecer una distinción entre lo vivo y lo no vivo. Incluso se puede intentar explicar cómo el proceso de vivir es el producto de moléculas que en sí mismas no están vivas.”(1)

Es decir, lo dicho por el señor Rouco no tiene sentido ninguno, se mire por donde se mire.

Ismael Pérez Fernández.

(1)MAYR, Ernst. Así es la biología. Barcelona: Debate, 2005.