lunes, noviembre 16, 2009

Dos equipos independientes consiguen detectar "monopolos magnéticos"

Dos investigaciones independientes, una de ellas dirigida por Tom Fennell del Instituto Laue-Langevin, y la otra dirigida por Jonathan Morris del Centro Helmholtz de Materiales y Energía, fueron el pasado mes de octubre en Science. Ambas investigaciones han conseguido detectar que determinadas regiones de materiales como el titanato de holmio y el titanato de disprosio se comportan como monopolos magnéticos.

Todos hemos tenido alguna vez un imán en la mano y sabemos que todo imán presenta dos polos, uno norte y otro sur. Es más, si partimos un imán por la mitad lo que obtenemos son dos nuevos imanes, cada uno de ellos con su polo norte y su polo sur. Si seguimos repitiendo este proceso, siempre sucedería lo mismo, incluso si llegáramos al punto de quedarnos sólo con un electrón girando en una órbita, el campo magnético asociado a dicho electrón sigue presentando dos polos. Por lo tanto, en principio, los monopolos magnéticos no deberían existir, al menos desde el punto de vista de la física clásica, pero dentro de la física cuántica el asunto no es tan sencillo.

Para encontrar la primera referencia a los monopolos magnéticos hay que remontarse hasta 1931 cuando Paul Dirac postula su existencia. Según el trabajo de Dirac, los monopolos magnéticos podrían explicar la cuantización de la carga eléctrica. En 1974 dos físicos, Gerard ’t Hooft y AlexanderM. Polyakov, mostraron de forma independiente que la existencia de los monopolos magnéticos era una predicción de las teorías de gran unificación, las cuales sostienen que a niveles altos de energía tres de las cuatro interacciones fundamentales que conocemos, a saber, la interacción electromagnética, la fuerza débil y la fuerza fuerte, son distintos aspectos de una misma interacción. Por otro lado, desde el punto de vista de la cosmología la existencia de los monopolos suponía un problema. Según el modelo del Big Bang, en los primeros instantes del Universo debieron formarse monopolos magnéticos, entonces, ¿por qué no encontrábamos ninguno? La solución vino por parte del modelo inflacionario desarrollado principalmente por Alan Guth. Dicho modelo proponía que el Universo en sus primeros instantes experimentó una expansión exponencial, la cual sería la causante de haber alejado los monopolos, haciendo de este modo que sea muy difícil conseguir detectar alguno.

Ya en 1982, Blas Cabrera publicó el artículo "First results from a superconductive detector for moving magnetic monopoles", en la prestigiosa Physical Review Letters. En él se explicaba un experimento realizado con una bobina superconductora donde se pudo haber detectado el paso de un monopolo magnético, desgraciadamente el resultado no ha vuelto a repetirse, tal vez, porque sea cierto que los monopolos magnéticos son realmente escasos.

En los resultados presentados en Science, los "monopolos" detectados no son partículas con un sólo polo magnético como predicen las teorías de gran unificación, sino que son variaciones en los patrones de los iones que forman los materiales, es decir, bajo determinadas condiciones algunas regiones de los materiales usados se comportan como monopolos magnéticos, pero no se ha producido la detección directa de un monopolo magnético.

Los materiales utilizados en los experimentos de los equipos de Fennell y Morrison reciben el nombre de "spin ice", cuya principal característica es que los átomos que los conforman tienen una distribución similar a la que tienen los átomos en el hielo común que todos tenemos en nuestras neveras. El equipo de Fennell dirigió un haz de neutrones a su muestra y observaron como estos eran dispersados al incidir en el cristal. Lo que encontraron es que los neutrones se dispersaban como si en el interior de la muestra hubiera "monopolos magnéticos". Por su parte el equipo de Morrison sometió su muestra a un campo magnético y después la bombardearon con neutrones y los resultados mostraron que el material parecía estar lleno de un "gas de monopolos magnéticos".

A pesar de no haber detectado directamente un monopolo magnético, los hallazgos han sido una sorpresa y es difícil saber que consecuencias puedan tener en un futuro. Por ejemplo, Fennell piensa que estos "monopolos" podrían ser la base de una versión magnética de la electrónica actual.


Ismael Pérez Fernández.

domingo, noviembre 15, 2009

La reflexión del domingo

"Siempre he apoyado vigorosamente el derecho de todo hombre a su propia opinión, sin importar qué tan diferente pueda ser su opinión a la mía. Quien niegue a otro este derecho hace esclava de sí misma a su presente opinión, porque se imposibilita a sí mismo el derecho de cambiarla."
 ~Thomas Paine~








Ismael Pérez Fernández.

sábado, noviembre 14, 2009

Va pensiero, de Giuseppe Verdi

Hoy traigo el coro Va pensiero de Giuseppe Verdi probablemente unas de las obras más famosas de Verdi en Italia y que a buen seguro habéis escuchado en alguna ocasión.





Ismael Pérez Fernández.

viernes, noviembre 13, 2009

La canción del Big Bang

¿Quién dijo que la ciencia no sirve como inspiración para la música? Aquí os traigo la canción del Big Bang, muchos la reconoceréis porque el primer fragmento de la misma, es la música que usa la serie cómica The Big Bang Theory como intro:





Ismael Pérez Fernández.

jueves, noviembre 12, 2009

Nature nos canta las cuarenta

Bueno, para ser exacto le canta las cuarenta a la política científica de este país. Supongo que recuerdan que desde Homínidos apoyamos la campaña “La ciencia española no necesita tijeras”, una campaña lanzada desde La Aldea Irreductible y que consiguió que cerca de más de 1000 blogs la apoyarán. La finalidad no era otra que protestar por el recorte presupuestario al que se sometía la investigación y la ciencia.

Pues bien, descubro vía Apuntes científicos desde el MIT, que la revista Nature ha realizado una dura crítica a la política científica de España, denunciando precisamente dicho recorte:

Sin vuelta atrás

España no debería utilizar la recesión como excusa para paralizar los planes de impulsar su actividad científica.

En las últimas dos décadas España ha pasado de ser científicamente mediocre a convertirse en un jugador respetado internacionalmente en el mundo de la investigación. Gran parte de ese progreso se ha producido desde que el Partido Socialista llegó al poder en 2004, comprometiéndose a convertir a España en una economía basada en la innovación (véase Nature 451, 1029, 2008).

Durante el primer mandato socialista, por ejemplo, se duplicó el presupuesto para la ciencia hasta superar los 8 mil millones de euros, situándolo por encima del 1,1% del producto interior bruto del país (PIB) y mucho más cerca de la media de la Unión Europea (1,8% del PIB). El partido socialista fue reelegido en 2008, habiéndose comprometido a reducir la burocracia e impulsar la financiación de la investigación hasta alcanzar el 2% del PIB. Casi de inmediato se constituyó el Ministerio de Ciencia e Innovación, extrayendo finalmente la ciencia de las competencias del Ministerio de Educación. Cristina Garmendia, una bióloga molecular que ha fundado varias empresas biotecnológicas de éxito, fue nombrada responsable del nuevo ministerio.

Desde entonces, sin embargo, se ha perdido impulso. La inexperiencia política de Garmendia ha quedado demostrada. Fue lenta en poner el ministerio en funcionamiento, y no ha desarrollado la influencia política necesaria para convencer al gobierno, ahora lidiando con la recesión global, en mantener su visión para la ciencia.

El gobierno ha reforzado el apoyo financiero para las industrias de alta tecnología y biotecnológicas. Pero su propuesta de presupuesto para 2010, que dio a conocer en septiembre, significa un recorte del 45% para la financiación directa de la investigación básica. La protesta de la comunidad científica logró reducir el recorte al 15%, y durante los debates parlamentarios es probable que se añada un extra del 2,8% para el ministerio de ciencia. Pero esto todavía sería un duro golpe a la investigación del país.

Mientras tanto, el gobierno todavía debe preparar su tan anunciada ley de la ciencia. Se suponía que iba a crear una agencia de financiación independiente y reformar el sistema tan inflexible de reclutamiento académico del país, bajo el cual los profesores universitarios y científicos del gobierno son funcionarios públicos con derecho automático a un empleo hasta la jubilación. Se han establecido fechas de presentación de la ley en el Parlamento y después han sido retiradas, al parecer porque algunos sectores del gobierno no quiere excluir a los científicos de las normas que se aplican a otros empleados gubernamentales. La contratación de nuevos investigadores continúa siendo un proceso difícil y lento, y es casi imposible ofrecer un paquete de salarios y dinero para investigación competitivos. El ministerio de ciencia ahora dice que la reforma de la ley será presentada al Parlamento antes de finalizar el año, pero la comunidad científica está perdiendo la fe en que esto suceda.

En el largo plazo, la industria estará pobremente apoyada debido a la falta de una investigación básica fuerte. España se equivoca al seguir la noción simplista y obsoleta de que un país puede vivir de transferir conocimiento, si al mismo tiempo se detiene la generación de conocimiento. Esta no es una forma inteligente de responder a la crisis financiera.

España haría mucho mejor si emulara los compromisos asumidos el mes pasado por otras dos naciones europeas, que también están batallando contra la recesión económica. En Alemania, un país rico con una economía casi estancada, el gobierno de centro-derecha está recortando el gasto público para 2010 en todas partes excepto en investigación y educación, a las que está dando aumentos enormes (véase Nature 462, 24, 2009). En Grecia, un país pobre con una economía en recesión, el gobierno de centro-izquierda dice que también reducirá el gasto público para 2010 en todas partes excepto en investigación y la educación, a las que está otorgando incrementos modestos. Los gobiernos de ambos países también planean eliminar algunos de los trámites burocráticos que limitan la investigación.

España disfrutó de un gran período de esplendor intelectual a comienzos del siglo XIX, conocido como su Edad de Plata. Hasta hace poco, los científicos españoles se mostraban optimistas pensando que avanzaban hacia una segunda Edad de Plata. Ahora bromean diciendo que España se dirige hacia una Edad de Bronce. Pero no se ríen.
Evidentemente la crítica de Nature no cambiará nada, pero no está de más saber que una de las revistas científicas más prestigiosas, nos da la razón. Parece ser que la protesta de los blogeros no era cuestión de unos frikis de la ciencia, lo mismo hasta teníamos razón.


Ismael Pérez Fernández.